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Crónica: «Bombaso» en el Mombasa

Hoy tengo cierto sentimiento onírico. La falta de sueño, el cansancio, las horas de viaje… ¿Es posible que en tan solo 18 horas desde que salí y volví a la isla hayan sucedido tantas cosas? A veces lo pienso y lo veo como desde un abismo, es surrealista, pero compensa, con creces.

«Bombaso en el Mombasa», esto es lo que pensé inmediatamente después de ver el anuncio de este concierto. Bombazo ¡y de los grandes! Esta vez era algo especial, único e irrepetible: un concierto acústico de despedida de The Amarals, ante la insistencia de sus insaciables seguidores, antes de iniciar su gira por Latinoamérica. ¿Lo más tentador? En el formato acústico Juan y Eva acortan -todavía más si cabe- las distancias, están muy divertidos, espontáneos y frescos, y más si para ese concierto solamente se vendían 60 entradas. Los más cerca que he estado de algo así fue en el concierto en el Café La Palma de Madrid, allá por el día de Reyes de enero de 2011 y que está en mi top 3 de conciertos míticos de los maños. Pintaba bien…

Zaragoza. Calle 4 de agosto. Mombasa Café. El bar de Miguel Tapia. ¿Se habían juntado los astros? Mañolandia, el cumpleaños de Eva como nombre de la calle, el mejor técnico de sonido y la decoración del bar… Es el concierto más estéticamente salvaje al que he asistido. Su cuidada decoración africana te hacía sentir que estabas metida de lleno en pleno safari o que de cualquier lado saldrían Robert Redford y Meryl Streep. El lugar, una pequeña plataforma instalada “de propio” y lucecitas blancas en las paredes de al lado y detrás. Dos taburetes tapizados con motivos de piel de cebra presidían el escenario junto a dos guitarras, en esta ocasión solo dos, las dos Gibson acústicas. A mí me flipan -mucho- la Chet Atkins y la Guild de doce cuerdas de Juan y si no las lleva las echo en falta, aunque con esas dos guitarras y los pedales sacaron tantos sonidos que no hicieron falta más, como comentamos Megg y yo a la vuelta del viaje. Así son ellos. Al lado del taburete de Eva, su minitheremín, unas pequeñísimas maracas y las armónicas. Cualquiera podría pensar que allí se subirían dos chavales desconocidos con ganas de animar la noche maña en sus inicios musicales. Nada más lejos de la realidad: Juan y Eva llenan estadios, agotan entradas y son conocidos internacionalmente. Sin embargo, siempre, pero todavía más en ocasiones como estas, queda más patente su gran humildad, sencillez y cercanía sin divismos ni barreras. Tocan con los pies en el suelo y nunca han dejado de ser así. Y si, además, juegan en casa, ese sentimiento se multiplica.

Los presentes, público fiel seguidor que no se quería perder tal evento, esperaban enfervorecidos el inicio de la que iba a ser una noche muy especial. El bar estaba lleno, no había ni siquiera puerta trasera al escenario, Juan y Eva iban a pasar entre el respetable. De repente, empezaron a sonar los primeros acordes de la Velvet Underground y todo el mundo buscaba algún atisbo de movimiento amaraliano por los lados. Poco a poco se fue abriendo pasillo por el lateral y Eva y Juan empezaron a vislumbrarse. Un gran aplauso y vitoreo les dio la bienvenida a ese cálido escenario y ambiente. Eva iba guapísima, vestida de forma informal en tonos grises y con una camiseta salvaje para acabar de rematar el tema de la noche. Ataviada con un mantón en tonos entre lilas, malvas o fucsias a lo “Chavela Vargas y Dolores Pradera” -Eva dixit en Rogaciano el huapanguero-, tomó la maña posición junto a Juan y empezó la noche salvaje con Esperando un resplandor al minitheremín, como ya va siendo habitual en los acústicos, para después dar paso a la presentación. Eva quiso empezar la noche agradeciendo a su gran amigo y excelente técnico de sonido Miguel Tapia, dueño del bar, por organizar el concierto; un concierto que, según sus palabras, servía de despedida antes de iniciar la gira por Latinoamérica y de agradecimiento a los que están ahí siempre, por su “apoyo incondicional”. En ese momento empezaron esos pequeños gags que nos regalan en sus conciertos más íntimos, en los que los comentarios de Eva o Juan causan la risa de todos quienes les escuchan. Se preveía una noche memorable.

El setlist fue algo más largo y diferente de lo que habíamos estado viendo en los últimos acústicos. Sin basarse al 100% en Hacia lo salvaje, hicieron una magnífica selección de temas que creo personalmente que van a sonar en la gira acústica que empezarán a finales de mayo, por lo que les sirvió de ensayo. Nos sorprendieron, sí, con la elección de algunos temas y por los cambios de notas y ritmo en otros. No por tocar ninguna nueva, no cayó esa breva, aunque intentarlo, lo intentamos. En el siguiente orden, tocaron:

1-Esperando un resplandor
2-En sólo un segundo
3-Un día más
4-Moriría por vos
5-Kamikaze
6-Si las calles pudieran hablar
7-Como un martillo en la pared
8-El universo sobre mí
9-Sin ti no soy nada
10-Olvido
11-Rogaciano el huapanguero (Chavela Vargas)
12-Hacia lo salvaje
13-Montaña Rusa
14-Hoy es el principio del final
15-Cómo hablar
16-Van como locos
17-Héroes
18-Cuando suba la marea
19-Antártida
* * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * *
20-Riazor
21-Revolución

En mi humilde opinión y haciendo hincapié en los cambios o momentos especiales, quiero destacar varios temas: En solo un segundo por ese final vocal de Eva que no puede dejar indiferente a nadie y que cada vez me asombra y extasía más. Un día más por esos momentos de improvisación guitarrera de Juan con los pedales y la reacción de Eva. Kamikaze por lo siempre sublime del tema. Si las calles pudieran hablar por ese ritmo en la guitarra de Juan que le dio un toque totalmente nuevo y un sonido casi de bajo. Precioso el guiño de Eva a las niñitas que no podían entrar en el bar y miraban desde la ventana de la entrada en El universo sobre mí. Sin ti no soy nada por lo gracioso del momento del público cantando solo y Eva acomodándose. Olvido porque tuvo momento divertido ya que por primera vez consiguió no sonar tan desgarradora al olvidarse Eva de parte de la letra y parar la canción para comentarlo. Preciosas las notas de Juan de la intro. El intercambio de guitarras con su consiguiente problema técnico en Rogaciano el huapanguero y Eva bromeando con su sobrina. En esta ocasión también tuvimos momento de Juan haciendo equilibrios con la guitarra sin correa de Eva y ella contándolo todo ante la queja de él. Y la voz de Eva, que abarca registros inimaginables, que cada vez sorprende más y da “miedo” pensar hasta donde le llega. Hace lo que quiere con ella. Seguimos con estos puntos álgidos de la noche con el momentazo de la melódica y Eva en Montaña rusa, que debido a los problemas técnicos de Juan y sus chistes para pasar el rato, se desconcentró. Otro cambio musical fue el uso de la armónica en Hoy es el principio del final, que no usó Eva en el acústico de El Sol y que para mí le da un toque especial.

Uno de los momentos épicos del concierto sucedió justo antes de Van como locos, cuando Eva de forma muy graciosa increpó al público que no guardaba silencio. Hay que decir aquí y de forma totalmente personal, que me parece una falta de respeto enorme hacia los que están en el escenario el gritar, reír y hablar en un tono alto. No lo digo por Amaral, es que ya llevo tiempo fijándome y, aparte de molestar al público que ha ido para disfrutar de todos y cada uno de los momentos, esto desconcentra al artista que, a veces, hasta hace que pierda el hilo de la canción. En fin, algo sobre lo que reflexionar. En ese mismo tema, pudimos gozar de otro nuevo momento de estos desternillantes, cuando Eva se metía con los arreglos de Juan en los cables y los pedales, diciendo que estaba con un soldador, que era ingeniero de telecomunicaciones... Son de lo que no hay :-)

Siempre enorme la versión de Héroes, precedida por el brindis de Eva con su copa de vino que dio mucho juego todo el concierto. Y se acercaba el final del recital, eso que todos temíamos... Anunciaron Cuando suba la marea con el ya esperado suspiro general de emoción del respetable ante la grandeza del tema. Siento que ésta fuera la única canción que no pude grabar, la batería de mi cámara pidió un descanso… Y, cerrando el setlist, la canción que para mí crece sin parar en cada concierto y que una vez más no defraudó y me fascinó de forma inigualable: Antártida. Para la ocasión contaron con las improvisaciones guitarreras de Juan y sus punteos; además, utilizaron un ¿sintetizador?, que en el setlist aparece como “Happening” (disculpad mi incultura musical) y que le dio el ritmo en forma de beat. Como si fuera una canción totalmente nueva, no pudimos evitar bailar a su ritmo junto a Eva, quién con los ojos cerrados seguía el beat con unas pequeñas maracas. Miradas cómplices entre ellos dos por el resultado de la improvisación musical y éxtasis colectivo entre los presentes.

Y llegó, llegó el momento de la despedida, el final del concierto. Y aquí fue cuando el público se impuso y les negamos la posibilidad de huir. Hicimos barrera y no tuvieron más remedio que quedarse y seguir con el concierto tras unos graciosos comentarios de Eva. «¡Un tema nuevo!», seguíamos pidiendo… más que pedir, suplicar. Eva titubeaba, estaba dudosa y por un momento pareció que iba a lanzarse, pero finalmente no lo hizo. Creo que con un poco más de insistencia lo habríamos logrado. Pero, aún así, acabaron de rematar la faena con dos temazos fuera de setlist, sublime el primero en cualquier formato y electrizante el segundo: Riazor y Revolución. Un 10 por como empezó a cantar el último Eva, casi sin que nadie pudiese saber de qué canción se trataba mientras hablaba. Genial el guiño a Lou Reed y Vicious.

Y sí, aunque haya parecido un sueño por lo que he mencionado al principio, realmente sucedió y se acabó. Aunque siempre es un placer volver a Zaragoza, donde ya me siento como en casa. Y se nos van a las Américas... Son grandes, muy grandes, y no hay palabras ni adjetivos suficientes que puedan describir los efectos que provocan en mí y en los que les seguimos. Solo podemos agradecer su gesto con este concierto, su genialidad y su magia, y esperar que regresen pronto para deleitarnos como solo ellos saben. Y a Miguel Tapia le tendrían que poner una estatua en Zaragoza. Y ya que como he dicho antes no tengo palabras que describan lo que siento, voy a rescatar las publicadas en el Heraldo de ayer que no podrían ser más acertadas: «[…] La devoción de los presentes. Ya saben, esa emoción que despiertan los buenos espectáculos, que se hacen especiales porque hay poca gente, porque estás ahí y te sientes privilegiado, porque el artista se relaja, bromea y pone los seis sentidos en complacer… y disfrutar. […] La voz de Eva, para la que se acaban los adjetivos por mucho que la escuches, sonó como en un teatro romano, arriba y abajo, susurro y falsete, diafragma y matices. (…) Así da gusto”.

Sí, en mayúsculas, ASÍ DA GUSTO. Gracias, de corazón.

TEXTO: Laia Planells | FOTOS: Laia Planells, Marta Asensio, Cristina Pérez

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