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Crónica del DCODE 2013: desde el palco


Cuatro meses habían pasado ya desde la última vez que los amarales habían tocado en España, concretamente en el Mombasa Café, el pasado 16 de mayo. Y cuatro meses, cuando te has acostumbrado a verles casi cada mes, son muchos meses. Así que el DCODE se esperaba con ansias, muchas ansias y sobre todo expectación. ¿Por qué? Pues, entre muchos obvios motivos, porque habían anunciado que estrenarían una canción nueva -no lo hicieron en el Mombasa- y ya hay ganas de ver en qué andan metidos. Así, tres meses y medio antes de la fecha, no dudé ni un segundo cuando salieron las entradas a la venta y saqué mis billetes para volver a salir de mi isla, esa que tanto quiero pero que tan pequeña se me queda últimamente. La espera hasta septiembre se hizo muy amena con todo lo que nos iba llegando de su gira por Latinoamérica. Sin embargo, un caluroso día de julio, algo cambió totalmente la forma en que viviría ese concierto: amaral-online.net, junto al festival DCODE, anunció que sorteaban un pase doble para ver el concierto desde el mismo escenario. ¡No me lo podía creer! Millones de veces le había dicho a Megg que ese era uno de mis sueños por cumplir -no de Amaral en sí, que obvio que sí, pero en general de cualquier concierto-: poder ver «la masa» desde allí arriba, poder ver el trajín de instrumentos y el «detrás del telón». Empecé a ponerme nerviosa pensando en qué había que hacer para conseguirlo. Unos días más tarde se anunció el cómo: simplemente contar cual era la mayor locura que había hecho para ver un concierto de los maños. Mi cabeza estaba en estado de ebullición. «¡Dios mío! Casi puedo escribir un libro entero». Tuve que poner orden mis ideas hasta que finalmente escribí mi comentario y, aunque por lo que leía de otra gente que había fans tan o más locos que yo... resulté ganadora. No me lo podía creer, ¡iba a cumplir un sueño! Como ya va siendo habitual en mis idas y venidas de la isla, compartí mi premio con mi compañera de rutas amaralianas, Megg.


Llegó el tan esperado día. Fui a la cola unas horitas antes de abrir puertas -esta vez fueron pocas, ¿eh?- ya que, al ser un festival, tocaban otros grupos que me apetecía mucho ver, en especial Love of Lesbian y L.A. -mallorquines y de los que hace un tiempo soy FAN total-, y otros que me apetecía descubrir: Varry Brava, John Grant, etc... Si además le añadimos que todo apuntaba a que Eva iba a cantar Segundo asalto con Love of Lesbian, todavía era más especial porque llevaba más de un año pidiendo que se repitiera esa colaboración. A Varry Brava los encontré muy originales, diferentes y muy buenos. Consiguieron hacer bailar al público a pesar de ser los primeros en tocar bajo un sofocante sol de las 5 y pico de la tarde. La propuesta de John Grant me encandiló. Tiene una voz increíble y un sonido electrónico en algunos temas que se te mete en el cuerpo. Su pose en el escenario va totalmente con su estilo musical, y en los temas más suaves crea una sensación aterciopelada. ¡Grande John Grant! Y llegó el turno de los Love of Lesbian, que llenaron el público de energía y un buen rollo descomunal. Soy consciente de que no es un grupo que sobresalga por su voz ni por sus grandes letras -tienen canciones muy chorras pero también otras hasta poéticas-, pero saben meterse al público en el bolsillo. Tienen una propuesta muy fresca y divertida, y eso se agradece. Saltamos como locos con cada tema y vibramos en cuanto Balmes presentó a «una de las mejores voces que ha dado este país». Y lo clavó, porque es así y punto. Y un bravo enorme a Santi por atreverse a hacer esa colaboración que para mí es perfecta, dada la diferencia vocal entre ambos artistas. El tono de Eva queda de muerte con el del tema y a ella se le nota que le gusta y lo disfruta. Esta vez -comparado con otras ocasiones en que lo habían cantado juntos- se notó que le habían bajado el micro a Eva, demasiado en mi opinión, supongo que para no «comerse» a Santi como ya había sucedido antes. Aún así, disfruté, no hubiera imaginado poder verlos juntos de nuevo.


Y fueron pasando las horas y los grupos, hasta que llegó el momento de ir donde me había indicado la organización: la zona de prensa. Con tiempo de sobra, porque cruzar ese mar de gente era ardua tarea, hicimos acto de presencia el dúo balear. Todavía estaban tocando en el otro escenario y eso impedía que pudiéramos pasar con las chicas del DCODE, así que nos dijeron que esperáramos un rato por la zona vip. Fuimos a indagar y... ¡eso era otro mundo! La zona era básicamente una zona elevada de césped con preciosas tumbonas de tela y bambú, pantallitas para seguir el concierto, farolillos de papel por el suelo, sin colas para pedir y con baños de lujo. Y con mucha tranquilidad y relax estuvimos un ratito tumbadas allí, siguiendo el concierto del otro escenario por la pantalla. Al rato salió la chica del DCODE y nos puso la pegatina identificativa para poder ir a la zona de stage view. Nos preguntó: «¿vais a querer estar ahí todo el rato o solo unas canciones y volver al público -al fondo, se supone-?» ¿Qué? ¿Estaba bromeando, no? Se pensaba que no éramos fans, le tuvimos que explicar que les seguimos por todo donde tocan y el porqué había ganado ese premio. Se quedó flipando. Acabó el concierto del otro escenario y llegó el momento de cruzar el foso, pasando entre los fotógrafos, hasta en medio de los dos escenarios donde subimos por las escaleritas. Mientras subíamos, estaba Amaral subiendo también por detrás. Podía escuchar el griterío de la gente por un lado, y el silencio preconcierto por el otro. Fue una sensación brutal ver el «detrás» del escenario. A medida que subía escalones y saludábamos a la banda mañorquina desde la escalera, los nervios iban en aumento. Las chicas nos dirigieron al pequeño palco de la izquierda del escenario donde al principio estábamos las dos solitas y les veíamos por detrás, mientras esperaban a salir y apuraban los últimos retoques. Y retumbó la Velvet bajo nuestros pies y yo me quedé totalmente anonadada y boquiabierta ante tal magna marea de gente. Es una sensación impresionante, no podía dejar de mirarlo y de hacer fotos. Buscaba a mis amigos en las primeras filas y nos saludábamos. Qué extraño se hacía no estar ahí con ellos ni poder comentar nada. Al poco subieron nuestros compañeros de palco, uno de ellos bastante conocido en la alta sociedad española, que aún siendo fans porque se las sabían todas, no paraban de hablar. Pero eso es otra historia que debe ser contada en otra ocasión.


Estéticamente hablando, pudimos ver a una banda muy elegantemente vestida. Juan iba enfundado en unos pantalones, con camisa, chaleco y corbata, luciendo tonos acordes con los del resto de la banda, todos entre negros y grises, muy guapos también. Entre ellos, Eva Amaral aparecía luciendo cambio de vestuario y el pelo algo más corto de lo habitual, guapísima. Si ya en el dueto con Balmes había relucido por su magnífico vestido estilo patinadora oriental negro con flores, ahora brillaba más que nunca enfundada en un palabra de honor de paillettes negro que le quedaba de muerte, más teniendo en cuenta lo estilizada y fibrada que se nos ha quedado últimamente. A veces me impresiona, que ella, tan menuda, destaque de esa forma tan increíble en medio del escenario con su guitarra y rodeada de sus cuatro chicos. Musicalmente hablando, lo primero que pude notar fue la diferencia en el sonido. No es que se escuchara mal, porque no era así, pero el sonido venía como de detrás, de lo lejos. Por ejemplo, para que os hagáis una idea, la batería de Toni yo la oía directa de ahí, no por altavoz, y la voz de Eva no se escuchaba tan clara como de costumbre. Obvio es que esto fue por la situación en la que estábamos colocadas, ya que por las reacciones y comentarios de la gente y visto posteriormente el concierto en vídeo, su sonido fue impecable, como siempre. También pude notar, o eso creo, que la batería de Toni no era la misma plateada de siempre, pero eso no quitó ni un ápice de la elegancia que caracteriza siempre al mallorquín, que no parece ni despeinarse cuando toca. Todavía con las luces apagadas, podía empezar a escucharse una original intro de guitarra de Juan en Hacia lo salvaje, que además al ser la primera canción del setlist le daba una energía brutal, parecía una maquinaria poniéndose en funcionamiento y con la armónica de Eva ya fue una combinación explosiva. El público empezaba a vibrar con fuerza. Le siguió Kamikaze, que brilló con luz propia con esa excepcional intro instrumental totalmente innovadora de theremín, guitarra y batería que no permitía saber de qué tema se trataba. También pude notar unos riffs diferentes al final en «porque estas ansias de vivir…» por parte de Juan, con la Chet Atkins que tanto me apasiona, que hacían Kamikaze más rockera, si cabe. Presentaba Eva el concierto y, con ganas de seguir encendiendo al respetable, sonaban los primeros acordes de Hoy es el principio del final como un león rugiendo justo antes de saltar. Siempre es especial la sensación que provoca este tema en el público, verlo desde allí arriba fue flipante, realmente flipante. Tras tres trallazos de saltos, manos al aire y griterío, llegó el momento de tomar algo de aire con uno de los himnos amaralianos que no falta nunca en el setlist pero que, en mi humilde opinión, ese día podría haber sido sustituido por Big Bang o Las puertas del infierno, por ejemplo. Estamos hablando de El universo sobre mí, coreada al unísono y también con algún arreglo que a mí me sonó a nuevo, en los acordes del final. Preciosos, al igual que los ya habituales coros del maestro Soriano, me encantan en ese altísimo tono.


Pero el tiempo de sosiego duró poco y volvimos a la traca con Esperando un resplandor, anunciada a toque de pandereta y dedicada a Vulcano, el toro lanceado. ¿Puede ser que hubiera un filtro de voz diferente? A mí me lo pareció, pero no me atrevería a asegurarlo. El mismo filtro que noté en la siempre rockerísima No sé qué hacer con mi vida, que logró dejarme de nuevo boquiabierta al ver todos esos puños al aire. De verdad, es una sensación indescriptible. Van como locos causó locura colectiva de un público fiel a la vez que sorprendido, en su mayoría, por el impecable concierto que estaban ofreciendo los maños. A mí, que les sigo siempre, aún me sorprenden así que imaginad a los incrédulos. Incrédulos que debieron de quedar totalmente anonadados ante el poderío vocal mostrado por Eva durante todo el espectáculo pero, especialmente, en Estrella de mar, con un final de Juan en el provocador que causó el delirio e hizo las delicias en las primeras filas. Pasado el ecuador del concierto no subimos todos a la Montaña rusa bailando con los brazos al ritmo de una Eva que, en mi opinión, cantó esta vez la canción con un tono de total serenidad. Y los loops de la montaña rusa nos llevaron al momento estelar de la noche, el GRAN estreno del tan esperado tema nuevo del que unos días antes habían desvelado el título, Unas veces se gana y otras se pierde. Mi primera impresión, la del instante, que todavía comparto, fue que era una canción muy peruana y la mandolina quedaba increíble. Los coros finales son preciosos, sobre todo al desnudarlos de música al final; contienen esa magia de Juan y Eva que te deja tarareando durante días. Por experiencia en estreno de temas nuevos, puedo decir que a veces la versión final es muy diferente de la presentada, así que no puedo decir cómo quedará, pero si no la cambian pienso que es un tema muy redondo. La letra es de una profundidad solamente aplicable a Amaral, te llega hasta el fondo y está llena de significado. Es menos rockero de lo que esperaba, pero con sonidos nuevos y muchas posibilidades.


Cuando suba la marea, contrariamente a hacer subir la marea del respetable, volvió a dar un respiro y sosiego general para coger fuerza para los dos últimos trallazos de la noche. Una increíble Antártida que, como ya he dicho en otras ocasiones, crece cada vez más y no para. Creo que de todas las de Hacia lo salvaje es la que más me ha sorprendido por su evolución. Siempre recordando a Surmenage, algunos acordes sonaron diferentes y, si en el Mombasa y anteriormente me flipó por su cada vez más brutal intro, ahora era el final lo que me dejaba sin palabras: tormenta guitarrera y coros sublimes que ponían por encima de lo terrenal un tema que, ya de por sí, es de otro planeta. Es impredecible cómo más puede cambiar Antártida, me tiene totalmente intrigada. Y a golpe de una heroica Revolución marcaba Amaral el punto y final a su concierto y a su salvaje etapa. Siempre destellante Eva con el juego de luces y megáfono, micrófono en mano en el provocador, un «uuuh» de Héroes electrizante, público enfervorecido, puños en alto, nosotros nos quedamos con muchas ganas de saber qué nos van a traer durante el 2014 estos maños que tan loca nos tienen la cabecita. Cabecita loca como para que pudiera ganar este maravilloso premio. Ha sido una magnifica experiencia, difícil de expresar en palabras. Es normal que cantar en directo enganche, porque ver tal poder en 25.000 almas cantando y saltando es indescriptible. Es algo que siempre había querido vivir, y lo he hecho, una experiencia sublime, única. No podía dejar de pensar en la primera vez que les vi en mi vida comparando con donde estaba ahora en ese momento. Es algo que jamás se me hubiera pasado por la mente. Juan, Eva y todo su staff y crew no le deben dar importancia por estar acostumbrados, pero realmente es inolvidable. Sin embargo, vivido una vez, puedo decir que vuelvo a las primeras filas. Es donde realmente hay el feedback, las miradas y sonrisas, donde saltas con todos tus amigos y donde sientes la canción por dentro del cuerpo y donde retumba la música en el pecho. Quiero dar un enorme gracias a amaral-online.net y a DCODE por permitirme vivir esa experiencia, no lo olvidaré jamás. Y ahora solo cabe armarnos de paciencia y esperar. Lo único que puedo predecir es que será algo grande, ¡muy grande! Y allí estaremos para verlo y, sobre todo, contarlo.

TEXTO: Laia Planells | FOTOS: Laia Planells, Marta Asensio, Cristina Pérez | VÍDEOS: Laia Planells, Margalida Bennassar

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